LDM Synth Community: aprender en comunidad con sintetizadores

"Entendimos que no se trataba solo de juntar a gente interesada en los sintetizadores. Había una necesidad de relacionarse para aprender colectivamente"  DIEGO PARAJÓ

La imagen del artista solitario trabajando en su estudio ha ido cambiando con el tiempo. Los procesos compartidos, los trabajos multidisciplinares y el cruce de saberes han dado lugar a proyectos muy ricos, que favorecen la apertura de nuevas formas de entender el mundo. Lo mismo ha ocurrido con la manera de aprender y compartir conocimiento, que ha generado nuevas formas de organizarse.

Un ejemplo que conocemos bien es la LDM Synth Community, una comunidad de aprendizaje abierta y autogestionada en torno a la práctica con sintetizadores. Nace en el Local de Música de Pontevedra, un servicio del Concello de Pontevedra que gestionamos desde Xeneme.

El origen

La comunidad no apareció de repente como un proyecto cerrado. Surgió de forma natural dentro del Local. Cuando empezamos a trabajar allí en 2008, el espacio estaba muy vinculado a las bandas y a ciertos estilos de rock. Con los años se fueron incorporando herramientas ligadas a la creación con tecnología, como ordenadores, software, samplers, cajas de ritmos y herramientas de producción. Los perfiles de quienes venían también se diversificaron, con un interés creciente por la música electrónica, el mundo DJ y el diseño sonoro. Los sintetizadores llegaron dentro de esa curiosidad más amplia.

El nombre LDM Synth Community se propuso en 2025, pero la idea de comunidad de aprendizaje arranca en 2023. Lanzamos por Instagram una convocatoria para un encuentro con jam de sintetizadores. No esperábamos una gran respuesta, y aparecieron diez personas. Los perfiles eran muy distintos: algunas tenían bastante experiencia y otras, sobre todo, muchas ganas. En aquel primer encuentro nos presentamos, enseñamos nuestros proyectos y equipos, y después hicimos las primeras jams.

Lo interesante de aquellas primeras reuniones no fue tanto lo que sonaba sino de lo que se hablaba. Había una opinión común de que hacía falta un espacio en el que reunirse, debatir, socializar, grabarse y poder poner prácticas en común. Entonces entendimos que no se trataba solo de juntar a gente interesada en los sintetizadores. Había una necesidad de relacionarse para aprender colectivamente. Esa voluntad dio continuidad a los encuentros y abrió la puerta a las primeras actuaciones colectivas.

Cómo nos organizamos

Es una comunidad autogestionada y horizontal, así que las decisiones se toman en las reuniones. No hay una programación impuesta desde arriba ni una persona coordinadora. Lo que sí existe es una función de facilitación desde el Local.

Cuando alguien nuevo cruza la puerta, le damos la bienvenida y nos cuenta qué le interesa. Puede ser alguien que quiere empezar desde cero, alguien que ya tiene una máquina y quiere sacarle más partido, o una persona con mucha experiencia y proyectos propios. Todo eso convive y nutre a la comunidad.

Donde sí hemos encontrado dificultades es en las jams. No es lo mismo tocar con soltura que no entender todavía muy bien qué está sonando. Eso nos hizo ver que necesitábamos otros modelos de participación para organizar mejor las actividades.

No hay un reglamento formal, pero en las jams surgen reglas prácticas de la propia dinámica. Hay que escucharse y decidir cuándo intervenir y cuándo dejar espacio. Si alguien está trabajando en ciertas frecuencias o con cierto instrumento, el resto se adapta para que todo funcione en conjunto: no tendría mucho sentido que dos personas tocasen dos bombos a la vez. Más que a usar una máquina, en la jam se aprende a tocar con otras personas.

Los recursos también se comparten: cada persona aporta lo que tiene y lo que puede. El Local pone el espacio y parte del material técnico, y el resto lo ponen los conocimientos de cada cual. Si alguien domina especialmente una máquina, acaba enseñando a las demás.

Muchas veces, lo que hace que la gente vuelva es simplemente eso: la rutina, los retos y encontrarse con otras personas con los mismos intereses. Se puede ensayar en casa, pero una jam, una grabación o un concierto plantean situaciones muy distintas.

La herramienta: aprender con sintetizadores

Una de las cosas que más valoramos de los sintetizadores es que son accesibles al principio. Aunque esconden mucha complejidad, basta con enchufarlos y empezar a tocar para que pase algo. No hacen falta conocimientos previos de música ni de composición. Primero se experimenta y, poco a poco, se entiende qué está ocurriendo. Lo mismo pasa con las cajas de ritmos, los secuenciadores o los loopers. Se aprende probando, equivocándose y descubriendo qué hace cada cosa.

Trabajar con máquinas físicas facilita además el intercambio. Son instrumentos que se pueden tocar, enseñar y comentar en el momento. Por eso el aprendizaje es mucho más compartido que cuando se trabaja en solitario delante de una pantalla. Algunas máquinas son muy intuitivas y otras piden más tiempo, pero en ambos casos probarlas con otras personas ayuda a entenderlas.

Conclusiones

La experiencia de LDM Synth Community muestra que aprender en comunidad tiene ventajas y retos. La diversidad de niveles hace que el conocimiento circule, aunque obliga a buscar formas de participación que funcionen para todo el mundo. Más allá de los sintetizadores, el proyecto ha creado un punto de encuentro y experimentación que ha crecido de forma natural.

Con el tiempo han surgido además colaboraciones con otros proyectos y agentes culturales de Pontevedra, y la comunidad forma ya parte de una red más amplia.

Así, el Local de Música muestra cómo un espacio de aprendizaje y ocio puede convertirse en un lugar de participación cultural, donde las personas experimentan, crean, comparten lo que saben y forman parte activa de la cultura.