"Lo colectivo no es un mero método de trabajo para producir un resultado concreto aportando cada uno desde su individualidad, sino un espacio donde suceden ideas realmente colaborativas… muchas veces imprevisibles, arriesgadas, experimentales, divertidas, interesantes, potentes"
LAURA TABARÉS
Laura Tabarés (León- Galicia) | Arte con nuevos medios y producción cultural situada.
La práctica de Laura Tabarés se mueve en el terreno de los nuevos medios: el videoarte machinima, las narrativas transmedia o las conferencias audiovisuales. Pero lo que atraviesa todo su trabajo es otra cosa: la creación de laboratorios y proyectos educativos y culturales situados, donde lo importante no es solo el resultado, sino el proceso participativo y la co-creación.
A partir del folclore de internet, la sensibilidad del trauma y la ficción especulativa, Laura aborda cuestiones como la tecnología, los saberes feminizados o la posibilidad de soñar futuros periféricos.
Desde Lugo ha cofundado y coordina Leira Haus, un espacio de investigación, creación artística y producción cultural, y el laboratorio móvil de videoarte, tecnologías y territorio Visión periférica: red local de exploración contravisual. Compagina este trabajo con la docencia como profesora asociada en la Facultad de Formación de Profesorado de Lugo (USC) y como profesora invitada en el Máster MAPA de Lens, en Madrid.
Su trayectoria incluye residencias como Generaciones 2027, de La Casa Encendida, y NUDO/KNOT, de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia. Sus obras han sido seleccionadas y premiadas en festivales como Digerati Media Festival (EE. UU.), Wench (India), Intersección, Curtocircuito o SHFF (Chile).
Pero si hemos querido hablar con ella no es solo por su trayectoria, sino por su manera de entender la mediación. Laura ha mediado programas de creación artística con adolescentes en el Centro de Arte FMJJ de A Coruña, y fue cofundadora del colectivo Ontologías Feministas, especializado en virtualidad y programas educativos. En un momento en que la tecnología parece aislarnos cada vez más, sobre todo a las personas jóvenes, su trabajo propone justo lo contrario: usarla para crear espacios de encuentro, de pensamiento compartido y de escucha del territorio.
- Has diseñado y mediado varios programas de creación artística con adolescentes, centrados en nuevos medios y prácticas digitales. ¿De qué manera ayuda la tecnología a conectar con ellos y a que se animen a crear, explorar y expresarse?
En este tipo de programas la tecnología no funcionaría tanto como un reclamo técnico o pedagógico para las adolescentes sino como un terreno que tienen (o tenemos) en común y un vehículo para la sensibilidad. Las adolescencias con las que trabajo ya habitan el entorno digital a diario, pero a menudo desde un consumo pasivo y muy mecánico, a veces incluso desde la adicción. En ese caso, la primera manera en que la tecnología ayuda a conectar con ellos es desautomatizar ese uso tomando sus propios lenguajes (un videojuego, un filtro, una captura de pantalla, un trend de tiktok) y convertirlos en materia prima para la creación artística.
De algún modo también la tecnología ayuda a desacralizar la creación artística a través del juego. Cuando la pantalla de un móvil se transforma en un microscopio de exploración o un sensor convierte el movimiento en sonido, el hecho artístico pierde cualquier aura lejana o elitista y se transforma en un laboratorio de experimentación. Descubrir las tripas de la producción digital les devuelve la agencia sobre los medios que consumen cotidianamente y activa su curiosidad por explorar y proyectar sus propios imaginarios.
Siento que utilizar estos medios abre una dinámica de aprendizaje horizontal. En el taller no me coloco como la experta que viene a enseñarles a usar una herramienta o una forma de hacer, sino que nos situamos en una investigación compartida donde ellos aportan su dominio de las interfaces contemporáneas y la mediación introduce la guía hacia el marco conceptual.
Por ejemplo, la tecnología puede funcionar como un dispositivo de investigación y asombro. No la utilizamos solo para registrar o documentar.. sino para ampliar la percepción y jugar con las ideas. Esto desplaza la tecnología desde la mera pantalla táctil hacia una experiencia sensorial y desde ahí es fácil pensar que la tecnología que está a la mano también sirve para detenerse, observar con detalle y reencantar el entorno que habitan.

Foto cedida por Laura Tabarés
- En muchos de tus proyectos, la tecnología convive con procesos colectivos: encuentros, recorridos compartidos, comunidades. ¿Qué has descubierto en ellos sobre la forma de trabajar o aprender en colectivo?
Trabajar formando parte de colectivos que operan en la intersección de arte y tecnología me ha enseñado que lo colectivo no es un mero método de trabajo para producir un resultado concreto aportando cada uno desde su individualidad, sino un espacio donde suceden ideas realmente colaborativas… muchas veces imprevisibles, arriesgadas, experimentales, divertidas, interesantes, potentes. A través de colaboraciones institucionales nacionales e internacionales, o de iniciativas de autoorganización y gestión cultural independiente (como la programación e investigación que desarrollamos en Leira en Lugo), así como en proyectos de investigación y mediación colectiva como fué formar parte de Ontologías Feministas, he ido descubriendo varios aspectos de este lugar indefinido.
Al principio parece que las tecnologías o lo digital son un lugar frío que solo pueden generar distanciamiento entre nosotras. Pero la realidad es que son herramientas y materiales que producen un lugar muy cálido cuando se ponen al servicio de la experimentación colectiva. En estos años he descubierto que el espacio y el cuerpo condicionan la forma en que nos relacionamos con la tecnología. Cuando planteamos recorridos compartidos, paseos, derivas o encuentros en el territorio, la tecnología deja de ser algo aislante y va siendo más un pretexto para estar juntas. Apoyadas ( también enamoradas, o enfadadas, o miedosas o curiosas de la herramienta) por esta extensión no humana del grupo, para investigar el entorno, mapear memorias, registrar materiales de forma conjunta etc.

Como decíamos antes esto ayuda a desmitificar la figura del experto a favor del saber distribuido. En las dinámicas colectivas, el aprendizaje no es unidireccional ni jerárquico. En lugar de transmitir un conocimiento técnico cerrado desde arriba, el colectivo funciona como una red donde los saberes se cruzan de forma orgánica.
La monotecnología (esta cosa de Yuk Hui de que parece que solo puede existir un tipo de tecnología) a menudo impone dinámicas de producción aceleradas, individuales e hiperproductivas. Así que introducir procesos colectivos, encuentros deliberadamente lentos, excursiones disfrutonas, asambleas distendidas… permite desacelerar esa producción. Aprendes a acoger la vulnerabilidad, la duda, la prueba y el error, convirtiendo el taller o el espacio de encuentro en un lugar de reciprocidad y escucha.
Es imposible en este sentido separar la interseccion arte y tecnología de lo que fue en sus inicios, y de cómo muchas seguimos soñando con esos laboratorios online y offline, o como todos los procesos se compartían y comparten en wikis con un acceso abierto (es dificil pensar otro proceso artístico tan transparente), de los campamentos de verano para amantes de estas prácticas que resultaban en obras sin dueño-autor. etc.
- Tu proyecto Montañas raras, desarrollado en la residencia NUDO/KNOT de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia, se ha definido como un ensayo audiovisual. ¿En qué consiste este formato y qué posibilidades te ofrece para abordar un determinado tema?
Entender Montañas raras como un ensayo audiovisual implicó abordar la creación como un método de investigación en sí mismo. Se trata de una práctica donde las ideas se formulan y se ponen a prueba durante la propia elaboración del material, permitiendo que las preguntas iniciales se transformen a medida que el proyecto avanza, en vez de plantearlo de manera cerrada como pasaría en un audiovisual más tradicional.
El ensayo audiovisual es un formato híbrido que está en la intersección entre la investigación documental, la teoría crítica, y la especulación ( la parte más de fabulación con los materiales). En este proyecto sobre minerales críticos y resistencias culturales en el Bierzo, el ensayo audiovisual me permitía pensar directamente a través del montaje, en una estructura que acoge la superposición de capas y temporalidades heterogéneas…cruzando el tiempo geológico de los minerales con la memoria oral de las comunidades locales, combinando grabaciones de campo, escaneos 3D, material de archivo y mitologías del territorio. etc.
- Desde tu visión como creadora, si pudieras cambiar una sola cosa para mejorar la situación de quienes trabajan entre el arte y la tecnología, ¿cuál sería?
Supongo que es una mezcla de varias cosas. Por ejemplo, muchas ideas o análisis serían transversales a cualquier profesional de la cultura.
En cuanto a las temporalidades y el acceso a medios materiales, sería bueno exigir estabilidad en los marcos de financiación y en las infraestructuras de apoyo, desplazando la cultura del proyecto cortoplacista hacia el sostenimiento de los procesos a largo plazo. Trabajar en el cruce entre arte y tecnología requiere tiempo para la investigación material, recursos para el equipamiento técnico, espacios de trabajo continuo y redes de mediación especializadas. Sin embargo, el ecosistema actual suele premiar la novedad constante, la producción hiperacelerada y la precarización.
A veces ocurren milagros y sin infraestructuras y buenos medios previos, surge un artista o un grupo de artistas en arte y tecnología en un lugar que son capaces de sostener toda una escena. Esto suele ser muy bello, pero insostenible en el tiempo. Trabajar sin apoyos materiales e inmateriales, o incluso con instituciones que entorpecen el desarrollo de estas prácticas, suele hacerse imposible. Así que habitualmente funciona al revés, los medios hacen a la práctica ( o al artista o al comisario, o al mediador, al gestor…). Por eso en algunos lugares vemos la proliferación de artistas en disciplinas concretas. Puede ser algo cultural, pero seguramente sea estructural, y muchas veces tampoco sea inocente. Así que podíamos decir que las instituciones públicas y privadas de un territorio tienden a moldear y a escribir la historia de la cultura de ese lugar.
Un acceso a un lugar público con estos medios e intereses, o a multiples iniciativas entramadas y preocupadas por el desarrollo de este tipo de prácticas ayudaría a establecer un lugar desde donde poder trabajar con dignidad. No hay que soñarlo, ya existen y se llaman Hangar, Medialab Tabakalera, etc.
- Y, por último, ¿hay algo que te apetezca adelantarnos, ya sea de Leira Haus o de tus próximos proyectos artísticos?
Ahora mismo estoy trabajando en la pieza que presentaré a inicios del año que viene en La Casa Encendida, con motivo de haber sido premiada en Generaciones 2027. Se llama Las Ninfas del Agua: Una fábula sobre la automatización del trabajo, y es una videoinstalación que también pondrá en tensión esta historia mitológica de la tecnología.
En Leira Haus vamos cerrando el ciclo bianual (2025-2026) en torno a las mitologías-otras, se llama Corzas, penas e transparentes. El 25 de septiembre inauguramos FEEDBACK, un musical antifuturista, una videoinstalación en realidad virtual del colectivo peruano AMiXR. Es una propuesta muy interesante que cruza ancestralidad y virtualidad.
En general estoy muy contenta (aunque también agotada, como todas supongo) de poder desarrollar estos proyectos en el lugar en el que vivo, aunque habitualmente sea con medios que llegan de fuera. Como decíamos, hasta que exista otra posibilidad tendremos que invocarla.




